miércoles, 22 de enero de 2014






Hoy, por curiosidad, 
hice click en la barra del lado derecho de la pantalla 
y deslice suavemente el mouse hacia abajo.
Nunca, en cinco años, se me había ocurrido leer tu facebook.
Leer tus estados ha sido 
como escarbar en el fondo de aquella esperanza con disfraz de paciencia 
que solías llevar al parque de Surco, 
que está a unas cuadras y a la espalda de la universidad.

Siempre has sido inteligente. 
Por eso, ahora, 
desearía haber besado más que un par de veces tus labios. 
Supongo que hoy no importaría la culpa, 
como no importan esos viajes en la 33 
con mi cuello inclinado, 
que reposaba en tu hombro izquierdo.

Quizás es que el amor tiene también fecha de caducidad, 
como el yogurt 
o la leche de dieta 
y al abrirlo entonces
libera el hedor de las ilusiones vencidas.

La realidad sabe luchar muy bien con esa armadura de reglas y convenios sociales.
porque incluso ser idealista en este siglo es una especie de estereotipo.

Perdóname por no haber sabido amarte, 
por no haberte besado más, 
por haberme quedado en silencio 
todas aquellas noches 
que me susurrabas “te amo” 
a través del primer celular que tuve 
y del cual casi ya no recuerdo el número.

De alguna manera 
el olor de las ilusiones 
se ha estacado por aquí 
al tener las ventanas del alma encerradas en este hermetismo de gélidas redes sociales 
en las cuales somos “amigos”

Al deslizar la barra de regreso hacia arriba, 
he observado la última publicación. 
Jueves, 14 de febrero del 2013. 
Ella ha posteado: 
U are my valentines 
y tú le has dado like.
No entiendo por qué al verlo 
se me ha hecho un nudo en la garganta. 
Quizá porque estoy segura de que 
a estas alturas y después de tu largo viaje al desierto 
ya la has hecho tuya,
quizá más exactamente por una promesa 
que en este papel no puedo escribir.

Hoy, con la fuerza de una despedida 
a la cual he llamado curiosidad, 
he descubierto cuánto te dolía.


Perdona, 
a mí siempre me dolerá. 
Y aunque 
you are hers valentine, 
siempre serás mi libertad.